miércoles, 30 de diciembre de 2015

EPICURO REVISITED



¡El mismísimo Epicuro de Samos!



EPICURO REVISITED


Podían acusarlo de muchas cosas, pero ante todo era un hedonista. Así que contra pronóstico, montó una escuela fraternaria en la trastienda de su negocio de ultramarinos.

El sueño de su infancia siempre había consistido en helenizar la comarca; sustituir los manidos temas sobre las derrotas del equipo de fútbol local o las conversaciones de ascensor, por un estudio riguroso y práctico de la felicidad.

Sus primeros alumnos provenían de un sector, algo desencantado, de movimientos anarquistas. Poco tardaron en sumarse las prostitutas y los poetas de provincia. Más discretos como discípulos, los entomólogos, se tomaron las doctrinas muy en serio. Hasta la mujer del concejal de cultura aparecía de vez en cuando en las reuniones.

Qué furor filosófico alcanzó el pueblo durante esos años. El placer sin dioses campaba a sus anchas, cierto atomismo poético embargaba el ambiente y la amistad era la única ley que regía.

¡Todo fue sobre ruedas, hasta que llegaron los académicos!

martes, 15 de diciembre de 2015

LA BANDA DE LOS APELLIDOS COMUNES


Caían bien los Golfos Apandadores, ¿no?




LA BANDA DE LOS APELLIDOS COMUNES


Los Martínez, los García y los López, hartos de su ordinariez, montaron una banda de ladrones de apellidos. Comenzaron su andadura bandolera con los de los pomposos oficiales del ejército. Su destreza (o mala leche) fue tal, que aparte de hurtar sus patronímicos, acabaron llevándose hasta los guiones, las “y”, y los “de”, con los que suelen embarrocar de alcurnia, estos pavos reales con uniforme.

Su siguiente golpe maestro se asestó a la monarquía (parece que de revolución, iban servidos). De la noche a la mañana, la realeza quedó guillotinada en su nomenclatura; los ayudantes de cámara sufrieron de lo lindo para rehacer las invitaciones reales.

Ni que decir tiene, que exotismos, extranjerismos y barbarismos los cercenaron a las primeras de cambio. 

Llegó hasta tal punto su furor cleptómano, que cuando los suyos comenzaron a ser los extraños, se robaron los apellidos entre sí (no podían parar, los pobrecillos). A día de hoy, no se confíen, están planeando algo contra los apodos. (Yo aviso).

sábado, 5 de diciembre de 2015

El ANACORETA


Imagen sacada de internet, que me ha cautivado.
Si alguien sabe de quién es, estaría encantado no, encantadísimo de publicitar su obra.



EL ANACORETA


Decía cosas como que el rumbo se encontraba en la deriva o que la revolución más importante consistía en desnudar a la rutina. Cuando me metía mano, fiaba sus destrezas a la sabiduría de sus arrebatos. En el mismo movimiento musical era capaz de encapricharse de mi espalda, como de hacer un altar a mi coño.

Andaba tan solo que parecía la luna. Enjuto y grave como un desheredado, dicen, tuvo un romance con la profesora de filosofía. ¡Quién podría sentirse a salvo de su aire de isla remota!

Los matones del barrio le tenían envidia. Destilaba un aura canalla sin necesidad de aplicar irreverencia alguna; sería su pinta de cruzado o sus hechuras de sombra. A las lunáticas nos traía muertas.

Lo llamábamos El Anacoreta y cuando desapareció, tuvimos que inventar la derrota.